Los cromosomas son los portadores de la mayor parte del material genético y condicionan la organización de la vida y las características hereditarias de cada especie.
Los experimentos de Mendel pusieron de manifiesto que muchos de los caracteres del guisante dependen de dos factores, después llamados genes, de los que cada individuo recibe un ejemplar procedente del padre y otro de la madre.
Durante el examen se va hacer uso de la hoja de respuesta en la que se deben incluir datos personales como: nombre, direccion, fecha de nacimiento. Ademas de contar con las seccion de respuesta de cada materia en las que van a escribir sus respuestas, recuerden que esta permitido borrar pero asegurense de hacerlo bien ya que estas respuestas son leidas por una computadora y al poner una o mas respuestas en la misma pregunta, estas se invalidan.
El capitalismo es un sistema político, social y económico en el que grandes empresas y unas pocas personas acaudaladas controlan la propiedad, incluyendo los activos capitales (terrenos, fábricas, dinero, acciones de la bolsa, bonos). El capitalismo se diferencia del sistema económico anterior, el feudalismo, por la compra del trabajo a cambio de un salario, y ya no por la mano de obra directa que se obtenía por concepto de costumbre, tarea u obligación (cercana a la esclavitud) en el feudalismo. Se diferencia del socialismo mayormente por la predominancia de la propiedad privada, en contraste con la propiedad social de los elementos de producción. En el capitalismo el mecanismo de precios se utiliza como supuesta señal que asigna recursos entre usos distintos. Las distintas formas del capitalismo dependen de, entre otros, el grado al cual se utilice el mecanismo de precios, el grado de competitividad de los mercados y el nivel de participación gubernamental en la economía.
Para definir el capitalismo es necesario definir sus principios básicos, ya que no existe un consenso sobre su definición. Generalmente, el capitalismo se considera un sistema económico en el cual la propiedad privada desempeña un papel fundamental. Este es el primero de los principios básicos del capitalismo. Se incluyen también dentro de éstos la libertad de empresa y de elección, el interés propio como motivación dominante, la competencia, la importancia del sistema de precios o de mercado y un reducido papel del gobierno.
Sobre la propiedad privada, el capitalismo establece que los recursos deben estar en manos de las empresas y personas particulares. De esta forma, a los particulares se les facilita el uso, empleo y control de los recursos que utilicen en sus labores productivas. Como consecuencia de lo anterior, los particulares podrán utilizar los recursos como mejor les parezca.
La libertad de empresa propone que las empresas sean libres de conseguir recursos económicos y transformarlos en una nueva mercancía o servicio que será ofrecido en el mercado que éstas dispongan. A su vez, son libres de escoger el negocio que deseen desarrollar y el momento para entrar o salir de éste. La libertad de elección se aplica a las empresas, los trabajadores y los consumidores, pues la empresa puede manejar sus recursos como crea conveniente, los trabajadores pueden realizar un trabajo cualquiera que esté dentro de sus capacidades y los consumidores son libres de escoger lo que desean consumir, buscando que el producto escogido cumpla con sus necesidades y se encuentre dentro de los límites de su ingreso.
Competencia se refiere a la existencia de un gran número de empresas o personas que ofrecen y venden un producto (son oferentes) en un mercado determinado. En dicho mercado también existe un gran número de personas o empresas, denominadas consumidores (también llamados demandantes), las cuales, según sus preferencias y necesidades, compran o demandan esos productos. A través de la competencia se establece una «rivalidad» entre productores. Los productores buscan acaparar la mayor cantidad de consumidores para sí. Para conseguir esto, utilizan estrategias de reducción de precios, mejoramiento de la calidad, etc., siendo esta la forma en que la competencia crea un cierto control que evita el abuso por parte de alguna de las partes.
El capitalismo se basa en una economía en la cual el mercado predomina. En éste se llevan a cabo las transacciones económicas entre personas, empresas y organizaciones que ofrecen productos y las que los demandan. El mercado, por medio de las leyes de la oferta y la demanda, regula los precios según los cuales se intercambian los bienes y servicios, permite la asignación de recursos y garantiza la distribución de la renta entre los individuos.
Cada uno de los actores del mercado actúa según su propio interés; por ejemplo, el capitalista, quien posee los recursos y el capital, busca la maximización del beneficio propio por medio de la acumulación y reproducción de los recursos, del capital; los trabajadores, quienes trabajan por la recompensa material que reciben (el salario) y, por último, los consumidores, quienes buscan obtener la mayor satisfacción («utilidad» es la palabra que utilizan los economistas) adquiriendo lo que quieren y necesitan al menor precio posible.
El gobierno en una economía capitalista pura está reducido a su mínima expresión. Sólo se encarga del ordenamiento jurídico que garantice ciertas libertades civiles, el control de la seguridad interna por medio de las fuerzas armadas en conjunto con la policía, y la implantación de políticas indispensables para el funcionamiento de los mercados y el respeto de la propiedad privada. Su presencia en la economía perturba, supuestamente, el funcionamiento de ésta.
Dependiendo del nivel de influencia del gobierno en la economía, además del capitalismo puro, existen el capitalismo autoritario (en el cual los recursos le pertenecen a los particulares pero el gobierno dirige y controla gran parte de la economía) y el capitalismo mixto (en el cual el gobierno y los particulares influyen en la distribución y asignación de los recursos).
El capitalismo surge cuando los derechos de propiedad se establecen de forma definitiva de tal forma que los propietarios puedan disponer de sus recursos, principalmente la tierra, de la mejor forma. Esta transformación se presenta en la parte suroriental de Inglaterra a comienzos del siglo XV cuando los señores feudales pasan de un sistema donde la tierra era explotada por sus siervos sin que ellos fuesen los dueños y con pocos incentivos para incrementar su productividad a un sistema de arriendo, donde la renta dependía de las condiciones del mercado generadas por la competencia entre arrendatarios actuales y potenciales por obtener dichas tierras. Dado que ahora las ganancias eran la base sobre la cual se calculaba el pago de la renta al dueño de la tierra, tanto los arrendadores como los arrendatarios tenían un interés en aplicar nuevas técnica agrícolas que aumentaran al productividad, lo cual en muchos casos genero una expansión en el área cultivada y una reducción en la mano de obra.
Debido a la reducción en el empleo rural, muchas personas se vieron obligadas a migrar a las ciudades donde se empleaban en las incipientes fábricas, muchas veces con salarios bajos y jornadas de más de 12 horas. Sin embargo, la mayor producción agrícola generada por la aplicación de nuevas tecnologías permitió que los precios de los alimentos se redujeran y en general el salario real aumentara, es decir, aún aquellos que ganaban un salario bajo podían comprar más bienes. También esta nueva clase obrera demandaba bienes básicos de consumo masivo y menos calidad lo cual genero un auge en la industria y abrió nuevas industrias que satisfacían esta demanda.
—El primer párrafo fue tomado de The MIT Dictionary of Modern Economics, David W. Pearce (editor), The MIT Press, Cambridge, Massachusetts
El siglo XVII trajo mejor suerte para los ingleses, que pudieron establecer varias colonias en América. Entre todas, destacaron las 13 que fundaron en Norteamérica. Las circunstancias de la época de Jacobo I (1603-1625) eran muy favorables para la colonización. El país había consolidado su hegemonía en el mar tras la victoria sobre la invencible, había liquidado el poder de la nobleza y del alto clero, había afirmado el poder del anglicanismo sobre otros grupos protestantes, había enriquecido a su burguesía con las propiedades de los católicos (dinero que ahora se necesitaba moralizar), y había transformado su economía, sustituyendo la estructura agraria por la ganadera y preindustrial. Todo esto se hizo a costa de un pueblo que quedó empobrecido y traumatizado por los problemas religiosos. Isabel I había canalizado a los desheredados hacia la piratería y el corso, pero su sucesor decidió hacer algo más útil, empleándolos en colonizaciones. El capitalismo comercial se brindó a ayudarle, especialmente las dos compañías de Londres y de Plymouth, a las que el monarca les ofreció un territorio americano que los españoles no habían ocupado: el existente al norte de la Florida, entre los 34 y los 45 de latitud N (la costa actual desde Carolina del Norte hasta Maine). Las Compañías se ofrecieron a trasladar allí a los colonos, que pagarían luego su pasaje con el trabajo. Era una variante de los “engage” o siervos que los franceses enviaban también a las colonias de América.
La colonización en Norteamérica empezó y terminó en las colonias del sur, que fueron cinco: Maryland, Virginia, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia.
Virginia fue la primera. El 26 de abril de 1607, llegaron a la bahía de Chesapeake (Virginia) tres barcos con 105 colonos mandados allí por la Compañía de Londres. Buscando un lugar donde establecerse subieron un río, al que bautizaron como James, en honor a su Rey. En sus orillas, 40 km arriba, fundaron una ciudad el 24 de mayo a la que bautizaron corno Jamestown. El hambre y las enfermedades redujeron los colonos a 32 en siete meses. El resto pudo sobrevivir gracias a los alimentos que el legendario capitán John Smith logró sustraerles a los indios. La situación se volvió dramática, pues la Compañía no pudo enviar refuerzos. Sus accionistas se negaron a pagar los plazos sucesivos y tampoco surgieron muchos voluntarios que quisieran ir a América para trabajar tierras ajenas. En 1612, un colono llamado John Rolfe injertó una cepa de tabaco nativo con otra traída de las Antillas y obtuvo un producto de excelente calidad: ¡había nacido el tabaco de Virginia! Se cultivó prolijamente y se vendió a buen precio en Inglaterra. La colonia prosperó gracias a esto (más tarde, se consiguió el monopolio de tabaco para Inglaterra) y a la llegada de nuevos colonos, cuando la Compañía transigió al fin (1618) con la propiedad privada, ofreciendo 100 acres a cada emigrante y 50 más por cada miembro de su familia al que pagara el pasaje. En 1619, Virginia tenía más de mil habitantes y el Gobernador Yeardley, representante de la Compañía, solicitó permiso a ésta para tener unos auxiliares administrativos. Se le autorizó a hacerlo. Yeardley les escogió por el mismo procedimiento usado en Inglaterra: cada uno de los 11 distritos de la colonia eligió dos representantes (llamados burgesses u «hombres libres»), que formaron una especie de parlamento local para ayudar al Gobernador en su labor. Fue la primera asamblea electiva de las colonias inglesas. El mismo año de 1619, llegó a Virginia un buque holandés con 20 esclavos negros, que se vendieron con gran facilidad. A partir de entonces, comenzó la compra masiva de esclavos para las plantaciones de tabaco. La usurpación sistemática de las tierras de los indios obligó a éstos a defenderse. El 22 de marzo de 1622 mataron a algunos colonos. Los ingleses hablaron de masacre y prepararon un castigo ejemplar: en 1625 mataron a más de mil indios. Esto se convirtió ya en un modelo a repetir posteriormente en todas las colonias: usurpación de las tierras de los naturales, ataque desesperado de los indios y castigo ejemplar, con el que se conseguía exterminarles o expulsarles definitivamente de su territorio. La Compañía de Virginia entró en bancarrota en 1624 (perdió unas doscientas mil libras) y fue disuelta por el rey. Virginia se convirtió en una colonia real.
Maryland fue la segunda de este grupo. En 1632, Sir George Calvert, Lord Baltimore, logró que el rey Carlos I le donara un territorio en América para llevar a ella los católicos ingleses que desearan emigrar. Se le otorgó la parte de Virginia que estaba al norte del río Potomac. La donación llevaba implícita la cesión a Calvert del poder político y del control del comercio. En 1634, llegaron allí 220 colonos (entre ellos dos jesuitas) con el hijo de Lord Baltimore y fundaron la ciudad de Saint Mary, en honor a la Virgen. Su colonia la bautizaron como Maryland o Tierra de María. Los colonos de Maryland tuvieron pronto conflictos con sus vecinos protestantes de Virginia y con los nuevos inmigrantes. Para ponerles freno, acordaron proclamar el Acta de Tolerancia (1649), por el cual se permitió practicar cualquier religión que reconociera la Trinidad. Esto equivalía a admitir a todos los cristianos, pero no así a los hebreos. Los Calvert aceptaron el Acta y permitieron, además, que existiera una representación de los colonos mediante una asamblea de burgueses, y favorecieron la emigración otorgando 100 acres a cada cabeza de familia que emigrara y 50 más por su mujer y por cada hijo. Esto hizo que acudieran a Maryland muchos emigrantes pobres de otras regiones. En 1715, los propietarios de la colonia renunciaron a su catolicismo.
Carolina (del Norte) fue poblada, en 1653, por un grupo de virginianos. Diez años después ocho promotores, entre ellos Sir Anthony Ashley Cooper, lograron que Carlos II les cediera tierras situadas entre los 31 y 36 grados de latitud, para cultivar allí morera, vino, aceitunas, etc. La colonia fue bautizada entonces como Carolina, en honor al rey, y Ashley condujo el primer gran grupo de colonos. En 1670, estos pobladores marcharon hacia el sur y fundaron Charlestown (1672). Carolina sufrió muchos problemas derivados del enfrentamiento entre los colonos y los señores. En 1669, se implantó una especie de constitución en la que colaboró John Locke, de carácter aristocrático, que creó una nobleza latifundista y reservó la asamblea colonial a los nobles y propietarios. El establecimiento de escoceses e irlandeses en el sur de Carolina motivó nuevos conflictos que condujeron al monarca, en 1729, a dividir la colonia en Carolina del Norte y del Sur, cada una de ellas con un gobernador real.
Georgia fue la última de las colonias. Data del siglo XVIII. El rey George II concedió permiso, en 1732, al diputado James Ogelthorpe para establecer una colonia con presidiarios ingleses entre los ríos Altamaha y Savannah, en frontera con los españoles de Florida. Al año siguiente, Ogelthorpe estableció varios cientos de colonos en Savannah, a orillas del río del mismo nombre.
Las colonias del norte fueron cuatro: New Hampshire, Nueva Inglaterra, Rhode Island y Connecticut. Simbolizan un sistema de colonización opuesto al de las colonias del sur, creando un antagonismo vital que subsistirá largos años.
Nueva Inglaterra, la colonia que se creó en el actual estado de Massachusetts, tiene para los norteamericanos una importancia excepcional, pues se sienten más vinculados a ella que a las demás por sus características spenglerianas, ya que sus colonizadores consideraron América como una Nueva Jerusalén o Tierra Prometida donde podían vivir las gentes que en Europa eran perseguidas por sus ideas religiosas. Estos colonos fueron los puritanos o defensores de una auténtica reforma protestante que purificase la Iglesia anglicana de los vestigios católicos que aún quedaban en ella. Eran calvinistas, creían en la predestinación (el éxito en la vida reflejaba la elección divina de pertenecer a los que irían al Paraíso después de morir), eran extremadamente laboriosos y practicaban una moral social muy rígida, marcada por la austeridad y la frugalidad. Acosados por sus compatriotas anglicanos, muchos de ellos huyeron a Holanda y se radicaron en Leyden y Amsterdam(1609). Allí, sus líderes William Brewster y John Robinson negociaron con la compañía de Londres el transporte de los puritanos a Virginia a cambio de trabajar siete años para pagar a los banqueros y comerciantes el pasaje.
Los peregrinos -llamados así porque teóricamente eran apátridas- abandonaron Leyden en el buque Speedwell y se trasladaron a Plymouth, donde se les unieron otros correligionarios. El 16 de septiembre de 1620, embarcaron en el Mayflower, un buque de 33 metros de largo y 180 toneladas. A bordo del mismo iban 35 pasajeros de Leyden y 66 de Londres y Southhampton:
101 peregrinos en total. El 9 de noviembre de 1620 arribaron a América. Al tomar la latitud, comprobaron que se habían equivocado de sitio: aquello no era Virginia. Habían llegado, en efecto, al cabo Cod, en Massachusetts, una tierra bautizada anteriormente como Nueva Inglaterra por el capitán John Smith. Los emigrantes se reunieron para deliberar sobre su situación y acordaron establecerse allí, elegir su propio gobierno, trabajar unidos y buscar la alianza con los indios. El 26 de diciembre desembarcaron y construyeron unas rústicas cabañas para guarecerse del frío. Así nació Plymouth. Aquel invierno perecieron la mitad de los peregrinos, incluido el gobernador que habían elegido. Al llegar la primavera, un indio llamado Squanto les enseñó a cultivar maíz. En el otoño de 1621 pudieron recoger su primera cosecha.
Lo celebraron con una gran fiesta que duró tres días, y que es la que los norteamericanos rememoran como Thanksgiving Day o Día de Acción de Gracias. La colonia de Nueva Inglaterra fue prosperando. En 1626, los colonos pudieron pagar a la Compañía de Londres las 81.800 libras que les había costado su viaje, dividiéndose la tierra. En 1628, un grupo de ellos dirigido por John Endecott fundó Salem. Dos años después, se estableció la ciudad de Boston, que pronto fue la más importante de Nueva Inglaterra. En 1633, arribaron casi mil puritanos huyendo de Inglaterra ante la hostilidad del obispo Laud, nuevo primado de la Iglesia Anglicana. La migración continuó sin cesar. En 1640, Nueva Inglaterra tenía ya 22.500 habitantes, frente a los 5.000 de Virginia y Maryland. También progresó el sistema gubernativo. En 1629 se estableció un Consejo General, el que cinco años después se encargó de las cuestiones legislativas (estaba formado con representantes de los hombres libres de cada población), dividiéndose posteriormente en dos cámaras. En 1641, se adoptó un Código de libertades que incluía el juicio por jurados, los impuestos votados por representantes de los ciudadanos, el proceso para los casos de pena capital, la prohibición de tortura o de castigos bárbaros y la igualdad para los extranjeros. La sociedad reflejaba, sin embargo, el espíritu puritano que seguía el ejemplo de las primeros cristianos. La tierra fue repartida por comunidades y redistribuida por éstas entre sus miembros. Los colonos trabajaban, oraban y resolvían sus problemas conjuntamente, bajo liderazgo religioso. La moral imperante condenaba el excesivo enriquecimiento individual: en 1639 se juzgó al comerciante Robert Keayne por encarecer demasiado los artículos que vendía, resultando multado por ello. La rígida disciplina produjo pronto disidencias e infinitos problemas. Dos ministros religiosos, John Cotton y Thomas Hooker prefirieron exilarse antes que aceptar el poder oligárquico de los líderes religiosos, fundando Withersfield y Hartford (1636). Al año siguiente, el reverendo John Davenport y el comerciante Theophilus Eaton fundaron New Haven, en Connecticut. Puntos de vista disidentes sobre la jerarquía religiosa motivaron la expulsión de Anne Hutchinson (1637) y otros, que se establecieron en Portsmouth (Rhode Island). Nueva Inglaterra era ya una colonia importante por entonces y estaba necesitada de centros educativos. Una ayuda de 400 libras había permitido abrir una escuela al norte del río Carlos, pero se carecía de recursos para sacarla adelante. En 1638, murió de tuberculosis un pastor llamado John Harvard, quien dejó toda su fortuna a la escuela: unas 700 libras y una biblioteca de 400 volúmenes, un verdadero tesoro para entonces. La escuela decidió llamarse Colegio de Harvard y se constituyó como la primera institución de enseñanza en las colonias inglesas. También en 1639, se introdujo la imprenta en el pueblecito de Cambridge, donde se publicó al año siguiente un libro de salmos. En 1660, los calvinistas perdieron el monopolio de gobierno sobre la comunidad y la colonia se volvió más mundana y próspera. En 1691, la Corona asumió el control de la Colonia.
New Hampshire fue poblado en 1622, año en que Sir Ferdinando Georges y John Mason obtuvieron permiso de Nueva Inglaterra para fundar entre los ríos Merrimack y Kennebec. Mason había vivido en Inglaterra en el condado de Hamphsire, de donde trasplantó el nombre.
Connecticut fue explorado por colonos de Massachussets a partir de 1632, cuando se realizó la primera marcha hacia al Oeste de la historia norteamericana. En 1635 se estableció Saybrook, en la boca del río Connecticut. En esta colonia se realizó la primera gran matanza de indios en 1637. Unos colonos encerraron a 600 pequot (hombres, mujeres y niños) en un baluarte y le prendieron fuego, quemándolos vivos. En realidad la conquista inglesa, se parecía bastante a la española, como vemos. Todas las conquistas son iguales.
Rhode Island nació gracias al celo del puritano Roger Williams, que llegó a Boston, en 1631, y encontró muchas dificultades para el ejercicio de su apostolado, ya que predicaba una reforma religiosa con separación de la iglesia y el Estado. Fue desterrado de Nueva Inglaterra, en 1635, y se dirigió al sur, donde fundó Providence. La colonia se expandió luego por numerosas islas cercanas. La mayor de ellas había sido bautizada como Rodas por el descubridor Verrazzano, un siglo y cuarto antes, tomando por ello la colonia el nombre de Rhode Island y Providence. Con el tiempo terminó por llamarse sólo Rhode Island. En 1647, comprendía Providence, Newport y Portsmouth.
Si las colonias del sur y del norte representaron dos formas contrapuestas de colonización inglesa, las del centro (Nueva York, Nueva Jersey, Delaware y Pennsylvania) simbolizaron, en cambio, otras colonizaciones europeas.
Nueva Holanda, llamada luego Nueva York, se originó como una colonización holandesa. El interés de la Compañía de las Indias Orientales holandesa por hallar un paso interoceánico en Norteamérica la llevó a contratar los servicios del navegante inglés Henry Hudson, quien llegó en 1609 a la isla de Manhattan y a la desembocadura del río que lleva su nombre. Hudson contó excelencias de aquella zona a su regreso y numerosos holandeses empezaron a viajar hacia ella para comerciar con los indios. Una de las primeras expediciones fue la de Adriaan Block. Arribó a Manhattan en 1613 y tuvo que quedarse allí, ya que se le quemó el barco. Las cabañas que construyó para invernar constituyeron el primer poblamiento europeo en la famosa isla. Pronto fueron tantas que formaron una aldea. La Compañía holandesa de las Indias Occidentales, que acababa de constituirse (1621), reclamó el territorio existente entre el Cabo Cod y el río Delaware. En 1624, colonos holandeses fundaron los fuertes Orange (Albany) y Nassau. Al año siguiente, se construyó el fuerte Amsterdam, en la isla de Manhattan, bajo la dirección del ingeniero Cryn Fredericksz. En 1626, Peter Minuit fue enviado por la Compañía para organizar dicha colonia y compró la isla de Manhattan a los indios por unas baratijas (telas chillonas, collares, etc.) valoradas en unos 60 florines. Manhattan se convirtió en el centro de una próspera colonia llamada Nueva Holanda. Su pequeña aldea de Nueva Amsterdam acogió pronto a gentes de todos los países, ya que los emigrantes holandeses eran escasos. En 1643, un jesuita que pasó por allí dijo que se hablaban 18 lenguas diferentes. Era un presagio de su futuro. Los holandeses poblaron las regiones cercanas a la isla. Brooklyn y Harlem fueron nombres de ciudades holandesas. Fundaron, además, numerosas ciudades, como Swanendael, Beverwyck, Gravezande, Heemstede, Vliessingen, Yonkers, etc. La colonia prosperó gracias a la libertad de comercio de pieles y, en 1653, tenía ya dos mil habitantes. Tuvo varios gobernadores holandeses entre los que destacó Peter Stuyvesant.
Delaware nació como Nueva Suecia y fue el sueño del rey Gustavo Adolfo. Murió en 1632 sin verlo realizado, pero poco después se creó la Compañía de la Nueva Suecia, que puso en marcha la empresa. Reunió unos colonos y contrató los servicios de Peter Minuit, que se había convertido en socio de la Compañía sueca, para que los condujera a América. La expedición llegó en 1638 a la bahía de Delaware, donde había un pequeño establecimiento de 22 colonos holandeses y procedió a fundar allí la colonia. El 29 de marzo de 1638, erigieron Fuerte Cristina (cerca de la actual Wilmington), en honor a la reina sueca. La Nueva Suecia tuvo varios cientos de colonos suecos y finlandeses. En 1643, el nuevo gobernador sueco Johan Bjornsson construyó nuevos emplazamientos en Varkenskill, Upland y Nueva Cristina, mientras los pastores luteranos trataban de evangelizar a los indios.
Estas colonias fueron a parar a manos inglesas. Primero, hubo problemas entre los colonos holandeses y suecos, que terminaron en 1655, cuando los primeros ocuparon la Nueva Suecia, integrándola a Nueva Holanda. Luego surgieron otros entre los ingleses y los holandeses, derivados de la lucha por la supremacía en el mar. El rey Carlos II de Inglaterra decidió concederle las colonias holandesas en América a su hermano Jacobo, Duque de York. Este organizó una flota que se presentó en Nueva Amsterdam, el 29 de agosto de 1664, exigiendo su rendición. El gobernador Stuyvesant tuvo que capitular el 7 de septiembre y los ingleses ocuparon Nueva Amsterdam, que rebautizaron como Nueva York. A Fuerte Orange lo denominaron Albany, etc. Así quedó todo anglizado. Cuando el Duque de York se convirtió en Jacobo II, transformó el territorio en colonia real (1685). Holanda reconoció la pérdida territorial de Nueva Holanda en el Tratado de Breda de 1667.
New Jersey tuvo una colonización más compleja. Tras la ocupación de Nueva Holanda, el Duque de York cedió a sus amigos George Carteret y Lord John Berkeley algunas tierras situadas entre los ríos Delaware y Hudson (1664). En las condiciones de la cesión se estipuló que los propietarios nombrarían un gobernador, que se ayudaría en su trabajo con un consejo, y que habría asamblea electiva y libertad religiosa. Carteret, que había defendido la isla inglesa de Jersey contra los parlamentaristas de Cromwell, pudo llamar a la nueva colonia Nueva Jersey. El mismo año envió a colonizar a su sobrino Philiph Carteret, que fundó la población de Elizabethtown (1665) en honor a su señora. Las mercedes territoriales de Carteret y Berkeley se unieron en 1702, integrando una colonia real. En cuanto a Lord Berkeley, vendió sus derechos en New Jersey a dos cuáqueros (1674).
Pennsylvania fue una colonia fundada por los cuáqueros, grupo protestante que practicaba una doctrina igualitarista, pacifista y de plena libertad de conciencia, que horrorizaba a los anglicanos. El fundador de la secta fue George Fox y sus seguidores fueron, principalmente, gentes pobres de los suburbios urbanos. El nombre de cuáqueros les vino porque decían temblar -quaquer, en inglés- ante el poder de la palabra divina, que cada uno escuchaba dentro de sí (rechazaban la jerarquía eclesiástica). El problema cuáquero adquirió importancia cuando se convirtió a dicha religión un personaje notable, William Penn, hijo del almirante del mismo nombre. Penn Jr. heredó con la fortuna paterna un pagaré por valor de 16.000 libras contra el Rey de Inglaterra y propuso a Carlos II amortizarlo a cambio de un territorio en Norteamérica donde pudiera instalar a sus hermanos de religión. El Rey aceptó encantado, en 1681, no tanto por librarse de la deuda como por quitarse de encima a los cuáqueros y le otorgó la región situada entre los 40 y 43 grados de latitud norte (1681). Al año siguiente, los cuáqueros arribaron al río Delaware y lo remontaron hasta un lugar que pareció ideal para fundar una ciudad en la que realizar su Holy Experiment o Santo Experimento. Se llamó Filadelfia y fue proyectada con un trazado modelo. Penn vendió parcelas de hasta 8.000 hectáreas por un precio bajo, más un censo anual y arrendó otras a los colonos que no tenían dinero. Como no quiso cometer el mismo error de las compañías de gobernar la colonia desde Inglaterra, pese a ser propietario del terreno, redactó una especie de constitución y una declaración de derechos (Frame of Government y la Charter of Liberties) que reconocían la autonomía colonial y garantizaban la libertad religiosa. Pennsylvania siguió siendo propiedad de la familia Penn hasta la revolución independentista.